Venus; El amor propio manifiesto

En tiempos en donde urge la compresión de lo que el arquetipo venusino nos ofrece en nuestras Cartas Natales y en momentos como este, en donde estamos a punto de ver ingresar a Venus en Tauro (su propio domicilio) por tránsito, revisemos un poco lo que nos trae este arquetipo a nuestras vidas y de qué manera se manifiesta:

Venus es la antigua meretriz de los templos. La manzana dorada es uno de los símbolos más conocidos de este personaje que forma parte de los estadios evolutivos del Anima y que se presenta de maneras muy diferentes en los signos que rige; Tauro y Libra. En Tauro, Venus Afrodita, (Afrodita es su nombre Griego) es despampanante. Una mujer vinculada con el goce del cuerpo y con los placeres de la viday los sentidos. Es Venus Afrodita Panedemo. Esa mujer que vive en las aguas del inconsciente colectivo y que emerge en nuestras vidas cada vez que nos disponemos a gozar y a confiar en nuestros ciclos vitales. En Libra, este mismo arquetipo trabaja el plano de la mente y la función psicológica del aire: el pensamiento.

Aqui Venus Afrodita es una mujer apegada al mundo de las ideas, y al mundo de los espejos, revelándonos la importancia del arquetipo en términos de nuestras matrices vinculares y del eje relacional del mapa natal marcado por los signos Aries-Libra. Su presencia activa a la Venus Afrodita Urania, una mujer lanzada al mundo de las relaciones y al mundo de las eternas oscilaciones y complacencias.

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Independientemente de cuál sea la función específica de Venus Afrodita por signo de regencia, este arquetipo trabaja de manera Universal el tema del amor, pero no sólo del amor en la pareja, sino más bien del amor propio; el amor que subyace en lo más profundo de nuestra psique y de nuestro corazón y que es fuente de todos los recursos con los que contamos en la vida para crecer, desarrollarnos y vivir una vida plena.

Cuando uno observa este pasaje zodiacal desde el punto de vista de la Astrología Arquetipal vincula el tema puntual que despierta Venus Afrodita con el pasaje que se da de Virgo a Escorpio, ya que Venus Afrodita está casada con el Dios Griego Hefesto, quien está estrechamente vinculado con este pasaje en el mandala. Esta es una de sus manifestaciones y es una manera de interpretar al arquetipo Venusino.

Hefesto, hijo de Hera, fue lanzado del monte Olimpo por su madre debido a que era muy feo. Se dice que Hera no podía creer haber parido semejante descendencia y Hefesto cayó durante nueve días y nueve noches. Es Zeus quien castigando a Venus Afrodita por su vanidad decide unirlos en matrimonio. Hefesto era el artesano de los Dioses y por eso se lo vincula con el Signo de Virgo. También es huérfano de Padre y en algún punto de Madre ya que fue bastante rechazado al nacer. Esto también vincula a este arquetipo con Virgo en donde los temas del Huérfano se trabajan con puntillosidad y en dónde el trabajo con la sanación y el discernimiento son importantes. ¿Pero que era lo que Hefesto debía discernir? Venus Afrodita vivía engañándolo y Hefesto construyó una red invisible de oro para atrapar a su mujer con su amante predilecto, Ares. De esta manera, ejecutando esta venganza escorpiana, logra saciar en parte su rencor acumulado.

Hefesto acumula rabia, acumula emociones vengativas y destructivas hacia su mujer, Venus Afrodita porque en el fondo su relación simboliza algo que a todos nos ha pasado alguna vez, la vivencia de nuestro amor propio proyectada en el espejo del Otro. Esta vivencia arquetípica de Hefesto y Venus Afrodita es una vivencia vincular que tiñe nuestras relaciones y que nos obliga a resignificar la cuestión Venusina; nos exige que ampliemos nuestra compresión acerca de este arquetipo y de la vida mítica del mismo para logar generar una profunda consciencia acerca de sus funciones.

¿Cómo se expresan Venus Afrodita y Hefesto, como pareja arquetípica en nuestras vidas y en nuestras psiques? ¿Cómo nos vinculamos con nuestro amor propio?

La falta y carencia de amor propio y la aventura de recuperarlo de las proyecciones masivas que solemos hacer del mismo pueden terminar llenándonos de rencor y deseos de venganza activando al destructor que todos llevamos dentro o pueden iluminar el camino hacia el discernimiento justo y la integración de parte de nuestra sombra, que no siempre es algo negativo. Como es sabido, en las aguas del inframundo Escorpiano, están los Campos Elíseos y Parajes Afortunados, en dónde yacen los más grandes tesoros.

En tiempos de Venus en Tauro, el goce y el disfrute de la vida van unidos a una profunda exploración a nuestro Paraíso Edénico, en dónde nuestros recursos se valen de una autoestima sana y en dónde recuperar nuestros valores proyectados es la verdadera meta.

Hefesto siempre fue tan “bello” como Venus Afrodita.