Lilith; La insoportable levedad del Ser

Luna es Escorpio

Ya con la Luna ingresada al signo de Escorpio, me surgen inmediatas ganas de compartir con Uds. una reflexión acerca de uno de los arquetipos más representativos de esta Lunación, desde la perspectiva de la Astrología Arquetipal. Si bien es cierto que hay muchas Diosas Lunares que hacen referencia al estado brujeril y profundo que despierta la experiencia de Luna Escorpiana; a mi entender, es Lilith la expresión más característica y más registrada también en la actualidad, en el marco del desarrollo de las interpretaciones natales. También les propongo una reflexión acerca de Lilith y de las fuerzas del Animus, con las cuales este arquetipo se enfrenta, enmarcado en los terribles sucesos de nuestra actualidad, referidos a las mujeres asesinadas, ultrajadas y desaparecidas.

Lilith, primera esposa de Adan , es una antigua figura que nos trae ante todo, el folclore judío a través de los textos rabínicos, pero que tiene su origen en la antigua Mesopotamia. Ya la cultura Sumer tiene una arcaica representación de esta Diosa, en dónde la etimología del nombre Lilith proviene de “Lil”, Aire o Aliento, o “Liliuroboros 11tu” como sinónimo de Espíritu. Hay corrientes mitológicas que aducen que esta primitiva Diosa de los Infiernos se encuentra asociada al antiguo relato de la Diosa Sumeria Innana, (un paralelo de la Perséfone Griega), que se encuentra con Lilith enroscada y transfigurada en serpiente en el Árbol de Huluppu; el antiguo Árbol de la Vida, en el camino hacia el Inframundo en donde se encontraría con Ereshkigal, su hermana oscura. Lilith yacía enroscada en este árbol junto con Anzu, su Ave sombríamente protectora. La primera reacción de Innana es la de desbaratar el Árbol y llamando a su hermano, Gilgamesh, el Dios de Uruk, logra espantar a Lilitu, quien escapa a las orillas del Mar Rojo para encontrarse con su destino.

Lilith es, en el diseño del mito Sumerio, un aspecto de la Sombra de Innana. Es, ante todo, uno de los primeros desafíos que la Diosa Sumeria debe de enfrentar, antes de estar lo suficientemente preparada para descender al mundo de su oscura hermana Ereshkigal. Sin embrago todavía en esa etapa de su periplo, Innana no estaba lo suficientemente fortalecida como para hacer un contacto directo son sus aspectos reprimidos y negados. De la misma manera que Hércules corta la cabeza de la Hidra de Lerna, en el trabajo por Escorpio que describe la mitología Griega, Innana corta las raíces infectadas del Árbol de Huluppu sin comprender, que cortando las mismas, lo único que logra es seguir manteniendo en sombra sus propios aspectos oscuros. Y como es de esperarse, la sombra crece y se fortalece, como lo hacen nuestros aspectos inconscientes, y los sucesos desagradables que vivimos en la medida en que nos empeñamos en sofocarlos y negarlos: Crecen, se fortalecen y nos consumen.

Lilith se mece en las orillas del mar rojo transformada ya a esta altura, por los relatos de la Iglesia Católica, en un demonio y en un súcubo, devoradora de niños y abusadora de hombres, por extraer de los mismos su semen procreador en sus poluciones nocturnas. La figura de Lilith ha sido claramente demonizada a los largo de los siglos, así como ha sido demonizado el cuerpo como impronta de lo lascivo y pecaminoso; y así como también nos hemos visto inconscientemente involucrados en una temible escisión del cuerpo y del espíritu, que tanto daño ha hecho y continúa haciendo en la vida del psiquismo colectivo e individual.

Tres ángeles vienen a buscar a Lilith enviados por Javeh Dios Patriarcal si los hay, Javeh había quedado tremendamente resentido con Lilith ya que ella había osado pronunciar su nombre y autoexiliarse del Paraíso, con tal de no quedar reducida a una costilla de Adán, tal y como quedo reducida Eva en el posterior relato bíblico. Senoy, Sansenoy y Semagelof vinieron por ella solicitándole que regresara al lado de su esposo, pero Lilith se negó; y allí, en esa negación, quedó consumada al exilio del mar de los lamentos y del resentimiento. En las casas de los aldeanos, los padres ponían en las cunas de sus recién nacidos, una marca tallada en madera con tres letras S, que hacían referencia a los ángeles, para proteger a sus recién nacidos de la furia y la venganza de Lilith.

Como podemos observar, el arquetipo Lilith como expresión de uno de los estadíos del Ánima, es un arquetipo complejo y por qué no, oscuro. Pero también es un arquetipo empoderado y autoafirmado, que prefiere perder su lugar en el Paraíso con tal de Ser. Ser ella; Ser Lilith fue demasiado para la consciencia de Javeh. Lilith es la primer huella psíquica que todos poseemos que nos invita a rebelarnos frente al dominio del Animus negativo. Lilith es el primer halo del espíritu que nos hunde en la noche oscura del alma, otorgándonos a través de esta travesía, un incomparable dominio de las tierras psíquicas inconscientes, así como también la osadía necesaria para Ser en la vida, lo que potencialmente estamos destinados a Ser.

Por supuesto que el Ser de Lilith, la insoportable levedad del su Ser, automáticamente la deja afuera del mundo del Edén. Y no es extraño que los individuos con un arquetipo Lilith dominante en sus temas natales sientan que ese Ser, incluye el áspero costo del exilio del Paraíso. Todos los dolores, resentimientos y huellas profundas que deja este “ser exiliado” del mundo de la inocencia, son los grandes temas a sanar, cuando trabajamos con esta fuerza psíquica en nuestro mapa natal.

Actualmente con todos las situaciones que están aconteciendo con las mujeres desaparecidas y asesinadas en nuestra sociedad, el arquetipo Lilith y la revisión de un Animus agresivo y peligroso se vuelve una cuenta ineludible.

¿Qué sucede con nuestro masculino, con nuestro Animus? ¿Cómo se está manifestando esta fuerza psíquica? ¿Dé que manera podemos generar las revisiones necesarias para resignificar y sanar al aspecto masculino que todos llevamos dentro?

Lilith puede ser una respuesta. Lilith puede ser una fuerza lo suficientemente intensa y desafiante como para enfrentarse a un Animus desequilibrado. Pero para hacer este proceso, Lilith debe enseñarnos su propia sombra y vaciarse de resentimiento y nosotros debemos aprender a mirar en lo más profundo de la ciénaga de nuestra oscuridad para poder integrar nuestros demonios.

No hay manera más sabia de lidiar con la Sombra que la de integrarla haciéndonos cargo de la parte que nos toca a cada uno. La insoportable levedad del Ser en sombra debe ser asumido, solarizado y expuesto a la consciencia el Yo. Lilith como fuerza psíquica es una gran portadora de luz, en la medida en la que la reconozcamos y la invitemos nuevamente al mundo de la inocencia y del Paraíso perdido.